vie. Ago 7th, 2026

No, Andrés Manuel López Obrador no está loco; no, la irrupción de Xóchitl Gálvez en la carrera presidencial no sacó al tabasqueño de sus casillas, no perdió la cabeza, ni está enojado, molesto o descontrolado.

Y esa es la peor noticia.

El ataque de AMLO contra el senador no es producto de un exabrupto. Es una estrategia fría, calculada para, en efecto, descarrilar a cualquiera que pueda ascender en las encuestas, que será sostenida, o variada según sea necesario, según sea necesario en el último capítulo de abuso de esta Presidencia abrasiva.

Porque hoy es contra Xóchitl Gálvez, como en los albores del sexenio fue contra directores de organismos reguladores, o contra un ministro -de polémica fama pero sin falta judicial comprobada-, y como mañana será contra quien sea. toma para evitar que Morena pierda las elecciones.

Hay otra manera de decirlo. Puede ser entretenido ver el espectáculo de un presidente tan poderoso dedicando sus mañanas a criticar a un legislador que solo es reconocido como folklore. Entretenido solo con la condición de nunca olvidar que el jefe de estado abusa impenitentemente de su poder.

Quienes critican que AMLO dedique sus energías a la hidalguense porque ven en ello el riesgo de que crezca en su peso electoral, un error de cálculo de ese gran genio político que ven en la tabasqueña, deciden quitarle el ojo de encima. el bosque de lo fundamental.

Vicente Fox traicionó la democracia cuando decidió influir en las elecciones de 2006. Ese será el epitafio de su carrera política. Con su activismo ilegal contribuyó nada menos que a la polarización que lastra a la nación. Era tan injustificable como las actuales maniobras de AMLO contra la oposición.

López Obrador está empeñado en no prestar atención a los trucos si se trata de conservar el poder para los suyos. No le importa burlarse de una persona, no le importa desdeñar oficios o formas de ganarse el pan, no le importa mentir flagrantemente desde la plataforma más grande del país.

Dejen de repetir que Xóchitl ha logrado desquiciar al Presidente. No hay tal. Tenemos un jefe de Estado que lee política mejor que nadie y no suele cometer errores. No es infalible, por supuesto, pero es con plena conciencia que emprende este bombardeo de manera tan nefasta y sin justificación legal.

Y hay dos problemas adicionales.

La primera es que estamos apenas al comienzo de la batalla electoral. No estamos asistiendo para nada a lo peor ni al extremo al que se empeña en llegar el Presidente si alguien –Xóchitl hoy no está a ese nivel, claro– representó un riesgo para Morena en 2024.

La segunda es que en México hoy los actores que en el pasado pudieron contener las andanadas de un presidente están desactivados o han renunciado a ejercer la presión que en el pasado activaron en muchas ocasiones.

A partir del Instituto Nacional Electoral, no existen instituciones que contengan al Presidente. El INE ha sucumbido, solo que parece que nadie quiere aceptarlo.

La inclusión de un par de concejales afines al lopezobradorismo ha dado sus frutos: el árbitro electoral está dividido, los comités claves han sido desactivados por el bloqueo, y salvo cambio de actitud de los recién llegados, que no veo por qué pasaría, el INE no va a levantar la voz contra el Presidente o lo que él decida. Si permiten lo que está haciendo Palacio contra Xóchitl sin decir nada, permitirán prácticamente todo.

El presidente no está fuera de control. De lo contrario.

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Metro

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