mié. Abr 29th, 2026

Director de México Evalúa

La posición del presidente respecto al INAI parece obsesiva. Está totalmente decidido a que el INAI no funcione, y así se lo ha hecho saber a la bancada de su partido en el Senado, que rechazó un periodo extraordinario para votar la designación de dos comisionados cuyos puestos están vacantes desde hace más de un año. El Senado tiene una orden judicial para seguir el proceso legislativo que culmina con los nombramientos. Sin embargo, ha decidido ponerse al borde del desprecio.

El Pleno del INAI tiene diferentes funciones. Uno muy importante es decidir sobre los recursos de revisión y de disconformidad interpuestos por los ciudadanos que consideren incumplida o incompleta la respuesta a una solicitud de información. La esencia del instituto está en el pleno porque, entre otras cosas, allí se dirimen las discrepancias entre las partes, pero también porque tiene capacidad sancionadora. Esto es lo que debe darle fuerza como organismo garante. En una futura colaboración me gustaría abordar este tema, que es central en el trabajo de garantía del derecho a la información. Porque si no se sanciona el incumplimiento de una ley, esa ley queda en el papel.

Sin una sesión plenaria en el cargo, el acceso a la información está en riesgo y las violaciones de la ley pueden quedar ‘impunes’. Me explico: sin un pleno, no hay nadie para tramitar los recursos de revisión e imponer sanciones. Y no tengo que explicarle, querido lector, lo que implica la impunidad en cualquier ámbito. La impunidad es una invitación a violar la ley a bajo o ningún costo. Un ejemplo tan ilustrativo como patético: la epidemia de violencia que estamos viviendo tiene la impunidad como uno de sus componentes. La violencia se perpetra sin costo alguno. El ‘cierre’ parcial del INAI y del acceso a la información puede convertirse en otra epidemia: la de la desinformación. Imagínese, lector, que fuéramos infectados de desinformación o información inoculada (con impunidad) por uno o varios grupos poderosos a través de los medios de comunicación. Los efectos de tal epidemia serían muy graves. Se destruiría el nivel mínimo de interacción ciudadano-autoridad, y también se alteraría profundamente la forma en que nos relacionamos entre los ciudadanos.

Los riesgos de tal epidemia son reales. Muy seguido en sus mañanas el presidente ataca al INAI, pero también contra el concepto más amplio de transparencia. Le parece que el organismo de transparencia es una construcción neoliberal que no sirvió para contener la corrupción en el pasado. Junto a estos planteamientos, emite decretos que reservan información al calificarla de seguridad nacional. Y la presencia generalizada de las Fuerzas Armadas en tareas civiles se produce en paralelo al bloqueo del acceso a la información sobre sus tareas ordinarias o extraordinarias. Por sí solo, todos estos componentes son una buena mezcla para vulnerar el derecho a la información, pero también hay efectos colaterales…

Seguramente, querido lector, habrás escuchado el término gotear hacia abajo o ‘efecto derrame’. Un concepto que sugiere que la riqueza que se genera en un país de alguna manera cae y se filtra a toda la sociedad, aunque en primera instancia los creadores de esa riqueza se quedan con la mayor parte. Esta idea me ayuda a sugerir que este discurso contra la transparencia tiene su propio gotear hacia abajo. El presidente ‘tira una raya’, que se filtra por los recovecos de la administración pública en todos los ámbitos de gobierno. De alguna manera las palabras del presidente son contagiosas, filtran, y las instancias que están obligadas a abrir o entregar información cada vez se sienten menos obligadas a hacerlo. Estos efectos se dejan sentir en la calidad de la información a la que tenemos acceso, en las cada vez más frecuentes respuestas de inexistencia o reserva a las solicitudes de información. En otras palabras, el presidente está dando un permiso tácito a la violación de la ley, mientras debilita al órgano garante en su función esencial, que es recibir denuncias y sancionar a los que no la cumplen.

En los más de 60 días que no se ha reunido el Pleno del INAI, por falta de quórum, se acumulan casi 5.000 recursos que no han podido ser fallados. Podemos decir que hay un número similar de personas cuyos derechos humanos están siendo violados. Si le sumamos el efecto derrame, estaríamos hablando de mayores daños, quizás estructurales…

La información beneficia a quien la solicita, pero también genera efectos amplificados cuando es procesada y difundida. Más información en manos de muchos los empodera y hace posible construir redes de vigilancia del poder y rendición de cuentas más confiable. La información en manos de los ciudadanos es un contrapeso más en un sistema de gobierno. Cerrar ese acceso es cancelar esa vía de control que se ejerce desde la sociedad.

Entonces puedo entender por qué el presidente está obsesionado con el INAI. Creo que le disgusta ser observado y evaluado por una sociedad que solo debe idolatrarlo, nunca pedirle cuentas. Puedo entender que los legisladores morenistas se sientan muy ligados a las decisiones de su jefe político… pero no que pasen por alto el daño que hacen a un derecho humano y que infligen a nuestra democracia.

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Metro

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